Oscar y las familias sin cuenta

Primer acto, exterior día, esquina de Corrientes y Córdoba. Oscar Silva está parado en la esquina, un compañero al lado suyo y un cartel.Segundo acto, unos días después, exterior día, esquina de Corrientes y Córdoba. Oscar Silva está parado en la esquina, un compañero al lado suyo y un cartel.

Tercer acto, treinta días después, exterior día, frío, nublado con posibilidad de lluvias. Esquina de Corrientes y Córdoba, pleno centro rosarino. Oscar Silva está parado en la esquina, un compañero al lado suyo y un cartel: “Orlando García, dueño de Japón y Laundry, pagá las indemnizaciones. Nos dejaste en la calle a 50 flias. Javito hacete cargo también. Da la cara”. Ellos sostienen el escrache. Detrás de ellos se leen sobre la vidriera del nuevo local comercial importantes descuentos de temporada. El nuevo local ofrece la ropa con precios rebajados. Liquidación, también, de los puestos de trabajo.

En enero pasado la empresa Industria Textil GB cerró sus puertas en Granadero Baigorria. Los dueños, Orlando García, Jorge Rubiolo y Javito Abraham, también son dueños de la marca Laundry que tiene varios locales de ropa en Rosario. Este local del centro rosarino sobre el que se leen las promociones de invierno abrió hace un mes y medio. Mientras tanto, hace siete meses que cincuenta trabajadores se quedaron en la calle.

Cincuenta familias sin cuenta. Sin saldo en las cuentas y con cuentas por pagar.

Un día de enero Oscar y sus compañeros llegaron a trabajar y se enteraron que se habían llevado toda la ropa que había en la planta. En ese momento decidieron tomar el lavadero para preservar la fuente laboral. Se quedaron hasta marzo, cuando uno de los dueños les prometió a los trabajadores armar una cooperativa. La mayoría le creyó, le quiso creer. La mayoría todavía espera. Oscar era delegado y es uno de los que no creyó las palabras patronales. No podía creer que el mismo señor que los había dejado en la calle los quisiera ayudar. Uno de los requisitos para poder integrar esa supuesta cooperativa era renunciar a la antigüedad y a cualquier posibilidad de juicio. Oscar dice que se está anticipando la reforma laboral que quiere el gobierno nacional.

Hoy el lavadero está cerrado y todas las máquinas están adentro, las máquinas con las que teóricamente les iban a pagar las indemnizaciones. Los dueños dejaron de pagar el alquiler del predio y por eso les cortaron el gas, la luz y el agua. Después de varias audiencias en el Ministerio de Trabajo no llegaron a ningún acuerdo. El síndico no aceptó el procedimiento de crisis por el nivel de facturación del año pasado. Lejos de la crisis, la empresa sigue abriendo locales.
Oscar trabajó quince años en el lavadero, en la sección de terminación donde se le hacía el final a la ropa, la limpieza de hilo y el embolsado. Sostiene el cartel en este día de julio, frío y con nubes cargadas, y carga con la incertidumbre de un trabajador que se quedó sin laburo cuando todavía hacía mucho calor. Verano-otoño-invierno.

“Hace siete meses que estamos en el aire”, dice Oscar Silva, que está parado en la esquina, un compañero al lado suyo y un cartel.

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