Michelle no conoce la libertad

Calle. Sexo. Drogas. Policía. Golpes. Violaciones. No-tener-obra-social. No-tener-jubilación.

Esto le representa la palabra trabajo a Michelle Vargas, que se presenta: “soy travesti y militante y actualmente pertenezco a una organización que se llama Comunidad Trans Rosario. También participo de la coordinación del área de Dispositivos de Diversidad del Programa Andrés Rosario”.

Michelle empezó a militar en 2011, antes de que salga la Ley de Matrimonio Igualitario. No sabía lo que era la militancia y tampoco conocía sus derechos. Por una compañera conoció a una organización en un momento en que ella tenía problemas de vivienda, de salud y de adiciones. Empezó a conocer las marchas y la lucha. Eso hizo que su vida cambiara rotundamente. Dice que para ella fue sanador conocer la militancia. “Empecé a dejar de consumir de a poco. Yo pensaba que mi vida sólo era trabajar sexualmente y ser el depósito de basura de la sociedad”. Michelle empezó a proyectar, terminó la secundaria y ahora está estudiando una carrera universitaria. Cursa enfermería en la Facultad de Medicina. Le elección de la carrera no es casual: Michelle ve que el sistema de salud es deficiente para las personas trans travestis y siente que para cambiar algo debe hacerlo desde adentro.

Michelle se refiere al impacto que tiene el ajuste económico en la salud. Habla de un recorte muy importante en el sistema en general y particularmente en la prevención de reproducción sexual. Dice que no se están distribuyendo los preservativos. Pero también habla del impacto en la educación. Como no fue casual la elección de la carrera, tampoco fue casual que haya elegido caer en la pública. Michelle banca la lucha docente porque entiende que no se trata solamente de un salario digno. “El recorte de tres mil millones de pesos dejó a la educación pública en jaque. Hay muchos compañeros que tuvieron que dejar de estudiar. Además, no se pueden entregar las becas ni terminar los comedores estudiantiles”.

Con treinta y siete años, Michelle siente que siempre hay algo que nos falta para terminar de ser libres. Que una manera de no ser libres es el hecho de no tener plata para pagar los impuestos o para comer. “Una forma de cortarte las alas”, dice, y se refiere a las ataduras que tienen las travestis desde la educación, la salud, la policía. “Dentro de cinco u ocho años cuando nos volvamos a ver y yo esté recibida y ejerciendo la profesión, capaz me sienta una persona libre. Pero hoy por hoy estoy presa de un sistema y no sé lo que es la libertad”.

Michelle hace referencia a la reforma laboral como “otra puñalada para el trabajador por parte del Estado”. Dice que propone precarizar aún más el trabajo y que en ese sentido es excelente para el gobierno actual, conservador, de derecha y neoliberal, y “lo peor que puede haber para nosotros que somos la clase media-baja”.

Para Michelle la organización es la única manera de sobrevivir. “Las personas trans travestis nacemos en una sociedad donde no tenemos derechos. Y la estamos peleando por un montón de cuestiones”.

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