Estela, la libertad, el estómago y la cabeza

Estela, docente titular de la cátedra de Escultura de la Licenciatura de Bellas Artes de la UNR, trabaja en un minimarket. Empezó a trabajar en el mini, que también es bar y tiene librería, cuando era estudiante. Hoy se está jubilando en la facultad pero tiene que sostener el quiosco porque le da de comer. De manera irónica dice que el trabajo en la universidad le dejó tanta plata que invirtió en seguir trabajando en el quiosco. Hace las cuentas del arrebato estatal: en el quiosco entran por mes treinta mil pesos de los cuales veintiséis mil se llaman impuestos. “El Estado me arrebató la posibilidad de mi proyecto en la universidad y la posibilidad de un comercio para poder comer y vivir dignamente. Hago el paralelo porque me parece irónico, pero es real e injusto para todas las personas que trabajamos, proyectamos y queremos un porvenir distinto”. Para Estela “los de arriba” no se preocupan porque son grupos económicos y manejan “la cosa” como quieren. “Se llenan de plata y nadie los controla. Y con nosotros el control es terrible”.

Para Estela la reforma laboral pretende legalizar la impunidad en una sociedad con tres generaciones donde es mínimo el porcentaje que puede trabajar formalmente. La autonomía, a su parecer, está condicionada por la independencia económica. Los condicionamientos empiezan por el estómago y siguen por la cabeza. “Cuando hablamos de ajuste, hay un ajuste que es concreto y real, que es el económico, pero también hay un ajuste en las ideas y en todo lo que tiene que ver con la soberanía y la libertad”, dice Estela, para quien se plasma en lo simbólico el hecho de no poder vivir dignamente.

Pelear todo el tiempo por los derechos, propone Estela. Y aprender de la marea verde. Ella participa del movimiento de mujeres desde el año 1994 cuando, dice, eran ochocientas. “Ahora donde vas hay una verde”. Integró la comisión organizadora del Encuentro Nacional de Mujeres, en 2003 y en 2017. Y hoy sigue participando. Para ella el Estado pone toda su batería institucional para desbaratar la organización. Es la organización la que nos va a salvar, dice. Y habla de la libertad: “hay que pelearla día a día. Es lo que nos queda”.

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